martes, 16 de junio de 2015

Hoy nos visita... El Dr. Carlos Laria. "El verano y el cuidado de los ojos"


El verano es una época muy difícil desde el punto de vista oftalmológico, pues existen muchas circunstancias que pueden crear ciertos “problemillas oculares”. Tal vez la problemática más frecuente es la irritación de los ojos; estamos en una época donde las piscinas, playas, etc. hacen que los ojos se expongan a sustancias irritantes, como puede ser el cloro o la suciedad del agua del mar o la arena, que produzcan que los ojos se irriten y se pongan rojos.


Evidentemente requeriremos en muchas ocasiones el tratamiento con antiinflamatorios suaves o incluso antibióticos, en caso de que aparezcan legañas o secreciones (signos de pequeñas infecciones). Pero lo fundamental será intentar evitar en lo posible todos los agentes irritantes; y para ello nada mejor que el empleo de gafas de buceo a la hora de bañarse y la limpieza frecuente de los ojos, bien con suero fisiológico o con lágrimas artificiales, las cuales deben conservarse en la nevera para que el frío haga de descongestivo ocular.

Muy en relación con esta estación están las conjuntivitis alérgicas, las cuales en esta época empeoran dado el ambiente de extremo calor y el poco recambio del mismo por la ausencia de lluvias, con lo que los pólenes y otros alérgenos se mantienen en el ambiente. Junto a las medidas de tratamiento oportunas en cada caso, lo más importante será mantener una hidratación frecuente del ojo con lágrimas artificiales, las cuales nos permitirán limpiar los ojos de las sustancias alérgicas del ambiente y refrescarlos (al mantenerlas en la nevera, con lo cual también disminuirá su irritación).

Otro problema frecuente es que muchas veces en esta época prescindimos del empleo de las gafas, las cuales requerimos constantemente y no tenemos duda en emplear durante el invierno. Aquí cada caso deberá ser valorado individualizadamente. No será lo mismo el prescindir un “ratito” de las gafas en un niño que no tiene ningún otro problema más que una leve miopía o hipermetropía, que aquel niño que esté empleando las gafas por un déficit más acusado, donde su falta de uso limitará seriamente su visión; o peor aún, en aquellos casos donde estemos recuperando un ojo vago y que la ausencia de las gafas puede hacer retroceder lo que hemos luchado por ganar durante el invierno. De todas formas, tal vez el mejor consejo es que confiemos a nuestro oftalmólogo la problemática de cada caso y será él quien nos aconseje sobre los riesgos que podemos tener; o si por el contrario, podemos prescindir un ratito de las gafas para esas horas del baño (pero sin que ese ratito se convierta en todo el día).

Indudablemente los mayores obstáculos los tenemos con aquellos niños que se encuentran en tratamiento para recuperar un ojo vago mediante el empleo del parche. El verano y el parche son bastante incompatibles, pues el calor, las piscinas, el sudor, etc., hacen que suponga no poco problema el mantener el tratamiento estrictamente. De nuevo, no podemos generalizar y cada caso debe ser valorado individualmente, pero existen algunas otras alternativas al empleo del parche que nuestro oftalmólogo pediátrico podrá aconsejarnos, al menos para intentar pasar el verano sin perder lo que hemos ganado. La posibilidad de disminuir las horas de oclusión o el empleo de filtros penalizadores sobre la gafa, son algunas de las alternativas que podemos tener a nuestra disposición.


No podemos olvidar en este comentario la mayor frecuencia de “pequeños accidentes”, como traumatismos, heridas, cuerpos extraños en los ojos, etc., fruto de las actividades propias de los niños en esta época de vacaciones. Aquí evidentemente en cada caso requeriremos la valoración especializada de nuestro oftalmólogo pediátrico para actuar individualizadamente con las medidas oportunas, no debiendo infravalorar los riesgos que una asistencia demorada puede conllevar.


El verano es una época para el disfrute de nuestros hijos, pero ello no quiere decir que desatendamos sus cuidados oftalmológicos. Para ello conocer las circunstancias de los problemas de nuestros hijos, sus limitaciones y sus necesidades es fundamental. No tengamos miedo en confiar a nuestro médico los problemas que puedan surgirnos por intrascendentes que puedan parecernos, pues a veces existen opciones que pueden valorarse adecuándonos a las circunstancias de cada paciente. Y no olvidemos que, en el fondo, son niños y debemos adaptarnos a su mundo y a sus circunstancias para lograr su mejor desarrollo visual con el mínimo de problemas.    



Dr. Carlos Laria Ochaita.
Oftalmólogo pediátrico y estrabismos.
Director Unidad Oftalmología Pediátrica y Estrabismos
Clínica Baviera

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